viernes, 2 de marzo de 2018

Para el debate... CIENCIAS DURAS VS CIENCIAS BLANDAS????





Si se indagara en el sentido común, cuál es la imagen de la ciencia o de un científico, seguramente se tendrá como respuesta un laboratorio, fórmulas matemáticas y la asepsia de un guardapolvo blanco. Imagen estereotipada, sin dudas, pero que pinta a la perfección cuál es el imaginario colectivo respecto a la ciencia, en general ciencias duras.

Sin dudas la ciencia moderna, la que viene de la mano de esa imagen, posibilitó un cambio monumental en la historia humana en apenas unos pocos años, acelerando en un corto tiempo procesos largamente milenarios. Pero la idea moderna de rigor científico ligado a la experimentación en laboratorio y la observación de los ‘hechos concretos’ como ideal científico, es un mito; los conceptos de la ciencia moderna occidental como la astronomía copernicana, la física galileana y la ley de gravitación universal newtoniana, son justamente conceptos, creaciones intelectuales, y no surgen a partir de los sentidos. 
Los conceptos científicos no surgen en el laboratorio son el producto del esfuerzo de la creación mental.

Las ciencias estrictas, las del guardapolvo blanco y las ecuaciones matemáticas, son indubitables. Incluso la religión ha manifestado su aceptación de las verdades propuestas por la nueva ciencia luego de condenar la herejía de Galileo siglos atrás. En el campo del saber natural el de la física, la química y la biología, ya nadie discute la exactitud de esta nueva deidad que pasó a ser la ciencia. La actitud del mundo moderno pasó a ser reverencial con ella, y el poder representado por la burguesía industrial encontró allí la llave de su expansión colosal.

Pero hay otro campo de conocimiento menos ‘duro’, menos -al menos en apariencia- menos riguroso: un campo donde el modelo no es el del laboratorio y lo infalible del microscopio. Estamos frente a las ciencias ¿blandas? me refiero a las Ciencias sociales, las Ciencias humanas: aquellas donde el objeto de estudio no es ‘neutro’.

Hablar de ciencias humanas, nos confronta con nosotros mismos, con nuestros propios límites y con la lucha por el poder, como no sucede al investigar los agujeros negros o los ácidos nucleicos. El objeto que construyen las ciencias sociales es  más difícil de digerir que el delineado por las ciencias estrictas. Hoy por hoy desde el sentido común nadie confronta, contra de los resultados de la física. En todo caso, todo ese cúmulo de conocimientos, deslumbra. Pero no sucede lo mismo cuando se tocan otros objetos de estudio, cuando está en juego la ética cotidiana, el sujeto concreto ese el de carne y hueso.

Las ciencias sociales que, en un principio siguieron ese ideal de neutralidad y rigor científico empezaron a presentarse, al menos, como más problemáticas. Estudiar y trabajar con la subjetividad o con las relaciones de poder es complicado, muchísimo más que hacerlo con los agujeros negros o con los ácidos nucleicos. Es complicado porque pone en entredicho el tema de la neutralidad. Hablar de ‘lo otro’, lo que está ‘fuera’ es, hablar y operar sobre lo que somos. No es lo mismo cuando el objeto de estudio nos involucra directamente.

Particularmente creo que el pensamiento simplista ha caducado, ambas son ciencias diversas  y  complementarias a la vez que involucran formulaciones intelectuales en una búsqueda apasionada de la verdad, al fin y al cabo las ciencias son transformadoras y tienen algo de revolucionarias, los conservadores, retrógrados, mentirosos, cobardes e hipócritas somos los seres humanos, bueno quizás no todos pero si bastantes.